Jesús es El Santo que santifica a todos los que a Él se acercan.
Por el Bautismo todos somos llamados a la santidad.
La santidad es la presencia de Dios reinando en nuestros corazones.
La Iglesia comunica las gracias necesarias que proceden de los méritos de Jesucristo.
La Santidad es obra de Jesús, pero Él no se impone:
    - Requiere nuestra respuesta libre.    
    - Quien ama a Dios le responde de corazón, se esfuerza y persevera con la ayuda de la gracia.
Aspirar a la santidad es vivir humildemente para Dios.
Soy Santo porque Dios es Santo, y lo somos desde el momento en que aceptamos a Jesús.
Dios nos ve a través de su Hijo que está en nosotros.
Nosotros debemos andar en el Espíritu Santo (Gálatas 4, 6-7; 5, 16-26)
Los seres humanos son santos cuando se apartan del pecado y viven según la voluntad de Dios:
    - El que nos llamó es santo, seamos también santos en toda nuestra manera de vivir (1 Pedro 1,15).
    - Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación...,
      porque no nos ha llamado Dios a la impureza, sino a la santidad (1 Tes 4, 3-7).
    - Sin santidad “nadie verá al Señor” (Hebreos 12,14).
Como dice la Escritura: "Seréis santos, porque Santo soy Yo" (1 Pedro 1,16).